Caraqueños en Cienfuegos


Caraqueños en Cienfuegos En 1850 Cienfuegos experimentó el influjo de dos hijos de Venezuela: Narciso López  Uriola y Tomás Terry Adams. Nacidos con una década de diferencia bajo la luminosidad de Caracas, el destino sólo los aproximó en esta ciudad caribeña que aún les recuerda. El primero como el precursor de la independencia cubana, el segundo como el hombre más rico de la isla en todo el siglo 19.

Tomás Terry llegó a Cienfuegos en junio de 1830.  Con la juventud de sus 22 años se enfrascó en descubrir si en verdad, esta ciudad sería la tierra prometida. Lo cierto es que el esforzado arriero levantó aquí sus oficinas desde las que cerró jugosos contratos para exportar azúcares, tabaco y hasta tablones de cedro hacia los muelles de Estados Unidos, Inglaterra o España. Y es que en poco tiempo Terry  había multiplicado sus recuas de mulas para aumentar la gama de productos que trasegaba, y sobre todo, aprendió a prestar dinero a cuenta de la próxima cosecha y de pactados intereses.

Su campechana figura hizo valer en los fernandinos dos frases que aún caracterizan a Terry: “lucía tan bien con tan poco” o “fue uno de esos hombres que se hizo rico recogiendo clavos.”

Tras sus esponsales en octubre de 1837 con Teresa Dorticós hija del primer archivero que tuvo la población, la pareja vive en la casona esquinera de las calles Santa Clara y Santa Isabel. La historiografía local recoge cómo 30 años después, el ágil comerciante consolidó su fortuna y, no solo refraccionó 25 ingenios, también se hizo dueño de tres. Como ejemplo de sus propósitos, confrontamos la cimentación de la maquinaria de su ingenio Caridad, ubicado hacia el Oeste de la bahía en el hato Juraguá, con las dimensiones del barracón de esclavos que allí se conserva junto a una abundosa oralidad que da cuentas de que allí Terry rehabilitaba esclavos, los emparejaba para vender luego sus criaturas en momentos en que había desaparecido la trata ilegal.

Amante de la novedad y el desarrollo tecnológico, Tomás Terry implantó en el Caridad el ferrocarril portátil, y hacia 1861 comenzó a construir sobre los cimentos del ingenio La Sabina del partido de Santa Isabel de las Lajas un coloso azucarero al que llamó Caracas, enardecida forma de perpetuar aquí a la ciudad de sus natales. Desde la década de 1840 el caraqueño ascendió aquí al mundo de la política. Gobernaba entonces José María de Labra cuando Tomás Terry fue nombrado Síndico Procurador. Esta es la época en que Terry pudo alternar con su paisano Narciso López Uriola, también caraqueño pero nacido 10 años antes que él, en 1798.  López, fungió desde 1841 como Teniente Gobernador de Trinidad, y cuando en 1843 fue destituido de su cargo por mandatos del Capitán General Leopoldo O”Donnell, se matrimonió en Cienfuegos e  inicia por vez primera, una agitada vida de civil.

Entonces la prospección del   complejo minero San Fernando comenzó a ser administrada por Narciso López. Su cercanía al poblado de Barajagua, y a las haciendas cañeras de la jurisdicción cienfueguera le permitieron encontrar adeptos a sus historias de las batallas de Las Queseras del Medio y Carabobo en Venezuela, o de los enfrentamientos bélicos en la guerra Carlista peninsular donde fue ascendido a Brigadier.  Y cómo criticaba la mano de hierro que España imponía a los cubanos, privándolos de toda libertad política, civil o religiosa, y asignando altos impuestos, reunió a los grupos separatistas en su conspiración de la Mina la Rosa Cubana.

Previó incluso una insurrección para el 24 de junio de 1848, y la aplazó luego en espera de una expedición con armas. Lamentablemente un hijo contó a su madre, esta al marido y…, Pedro Gabriel Sánchez por consejo de su abogado: hizo la denuncia a las autoridades españolas. Enterado López, se dirigió al ingenio La Josefa de los Díaz de Villegas, quienes le ensillaron a Macepa, un caballo de raza que le permitió cabalgar 32 leguas sin parar, jornada tras la que abordó un velero y se trasladó a los Estados Unidos. Su fuga provocó la suspensión del gobernador José María de Labra, amigo común de los dos  caraqueños, pues ambos aportaron capitales para las mejoras que de Labra ejecutaba en la población.

En 1850 el influjo de los dos caraqueños se vuelve mas que a juntar a dividir, pues cuando en le mes de mayo López logra una expedición, de lo que un bando del Conde de Alcoy pone en sobre aviso a los fernandinos y Terry aparece capitaneando un batallón de voluntarios para enfrentarse al revoltoso.

En 1851 López desembarca del  Pampero con 600 hombres por el caserío de La Pozas en Bahía Honda en la costa de Pinar de Río. Una vez derrotada la expedición es conducido a La Cabaña. La ceremonia de ejecución se marcó para el lunes primero de septiembre de 1851. Antes de que los hierros asfixiaran los sentidos del patriota caraqueño y cubano, este gritó: “Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba”. Y sí, 10 años más tarde, en la década de 1860  surge el independentismo como corriente ideológica. En ese mismo lapso, Terry expresa en la boda de su hija María del Carmen  la idea de erigir un sólido teatro para su Cienfuegos. Sueño que harían realidad sus herederos, tras la muerte natural del caraqueño, el 5 de julio de 1886 en Paris.

Desde 1890 un teatro Cienfuegos enaltece al caraqueño Tomás Terry Adans. Mientras el tributo al precursor y mártir de nuestra independencia Narciso López flamea desde cada rincón del mundo donde la bandera que él diseñó representa a Cuba independiente y soberana.

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