Asalto a la Armería


Por aquellos días se apareció Aníbal Velaz al Prado cienfueguero y contó a su célula clandestina la efectividad de su plan ante las oídas de un depósito de armas que hizo la Rural en una armería ubicada en los sótanos del colegio de los padres Jesuitas, justo las armas que se necesitaban para apoyar el desembarco. Del dicho al hecho fue la misma cosa, a la mañana siguiente el armero Melilla, un gallego de pura cepa comentaba frente a su taller a  indiscretos visitantes: “A la verdad señores, que me han robao las armas y me han dejao la plata”. Aún así la dictadura dio la callada por respuesta y no se publicó nada en la prensa. Es verdad que las ramas estaban rotas, nos comenta Rafael Betancourt, pero, ejecutado el plan, nunca más fueron empleadas para reprimir al pueblo.

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