Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí


Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a míAgosto de 1919 fue un mes tan caluroso como los que vivimos ahora. Aún así, el domingo 24 con las luces de la madrugada, la comadrona se fue a la casa de los Moré y al llegar todo estaba dispuesto: una palangana y una lata de agua bien caliente, un pañal de saco de harina bien bordado por una comadre de Virginia la parturienta y las inseparables tijeras que iban en el bolso de la partera y con la cual cortaba el cordón umbilical de los recién nacidos.

Antes de salir de su casa, examinó detrás de su puerta el santoral de su almanaque y vio que aquel domingo 24 de agosto de 1919 era la festividad de San Bartolomé apóstol. Por eso aquel varoncito robusto y alargado llanto como presagiando su buena salud, se bautizó como Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, en la Iglesia de Santa Isabel de las Lajas, y en el cabildo de los Congos en el barrio de la Guinea, su rincón querido.

Y aunque los 24 de agosto en muchas partes del mundo se festeja el cumpleaños del hombre alegre y musical, estirpe que trascendió artísticamente como Beny Moré, y apelativos como  El Bárbaro del Ritmo o El Sonero Mayor de Cuba, son particularmente los sitios que inmortalizo con sus composiciones donde se le recuerda.

Aun su voz de tenor canta a Florida, Camaguey, Vertiente y Morón, a su Santa Isabel de las Lajas natal y a la linda ciudad del mar  a la que hace su Montuno a Cienfuegos y donde dice que una tarde de mayo anduvo por Pasacaballos con rumbo hacia Rancho Luna, por cierto única ruta posible hasta los finales de la década de 1940 para llegar a los blanquísimos  arenales de esa playa que mira al Caribe inmenso.

Aquella tarde se hizo acompañar de una amiga que gustaba de sus sones y al escucharla haciendo décimas y guarachas en una emisora local, esperó en el Prado. Ella tuvo el atrevimiento de invitarlo a pasear para rimar a solas con él. Su nombre María Cristina Solís Alarcón, o Balundo como se le llamaba cariñosamente a aquella esbelta mulatona vecina del barrio del Castillo de Jagua y por ende experta guía para encaramarlo al vaporcito Juraguá y conducir al Sonero por los jardines del Club Pasacaballos.

Precisamente esta es la historia que cuenta este capitulo de Semilla Nuestra y donde se rescata del olvido la relación poética, musical y amistosa de dos cienfuegueros que llevaban en las venas música por sangre. La historia se recrea a partir de testimonios de una sobrina y de un estudioso de la obra del Beny. Se relacionan fotos y fragmentos originales con imágenes reconstruidas que nos permiten tejer la historia desde los códigos del docudrama.

Sirva este material para volver al Beny, a Balundo y a ese Montuno… que junto a la composición de José Ramón Muñiz inmortalizaron a la Perla y hacen que los compatriotas que andan por el mundo digan con orgullo: Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí.

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