Sarah Bernhardt en Cienfuegos


Sarah Bernhardt en CienfuegosEl alboroto reinó en Cienfuegos en los primeros días de febrero de 1918 cuando la prensa local confirmó las oídas acerca de la actuación en el Terry de la más célebre trágica de Francia y el mundo.   De boca en boca comenzaron a revivirse pasajes de su vida, pues en breve la divina Sarah Bernardt debutaría enla Perla. Y aunque no era de extrañar la presencia de grandes estrellas del arte en esta plaza, la de Sarah sorprendía.  Qué hacía aquella excelsa mujer a sus 73 años, con una pierna de goma y un riñón abierto, paseando su gallardía por los principales coliseos de América para recaudar fondos para quela Cruz Rojagala sostuviera las penas de los niños y mutilados de la guerra.En los salones dela Sociedad Liceo la prensa conoció por boca del licenciado Fuxá, que al doctor Domingo Urquiola, Delegado dela Cruz Rojafrancesa en Cienfuegos junto al Comité de damas Pro Francia se le encargaban las reservas anticipadas de locaciones, además de organizar el arribo de la actriz.  Mientras Fuxá en persona, pospuso con Capablanca su anunciada visita para los primeros días del mes de marzo, para no restarles el más mínimo esplendor  a ambos personajes.

Los fines humanitarios de Sarah encuentran raíces en 1870, durantela Guerra Franco-Prusiana, en que la diva en persona habilitó su teatro Odeón como hospital para convalecientes. Con sus manos lavó y curó heridas, venciendo miedos y agotamientos, hasta que al año se lo clausuran por problemas de salubridad, desde entonces abrió su bolso para socorrer con el fruto de su trabajo actoral, los horrores de las guerras.

Finalmente el sábado 23 de febrero de 1918 llegó Sarah al andén cienfueguero en el tren extra de las 4 y media de la tarde. Viajaba a bordo del coche hotel del presidente de la compañía de los Ferrocarriles Unidos quien galantemente se lo ofreció.

Al llegar la banda municipal interpretóLa Marsellesay seguidamente el himno de Bayamo. La diva saludó a la concurrencia entre los que es encontraban las autoridades de la municipalidad, miembros dela Cruz Rojacienfueguera y su delegación francesa, la oficialidad del buque de guerra norteamericano Dolffi y el pueblo todo, quien caminó junto al descapotable que condujo a Sarah hasta la puerta del Hotel Unión, donde se alojó.

Recibida por la intendencia y empleomanía del Unión, y mientras esperaba su equipaje, Sarah descorrió las cortinas de su habitación para acreditar la belleza de sus visuales. Al poco, anotaba en su libro de viajes, detalles del emotivo recibimiento en lo que antaño fue, una colonia fundada por franceses. Afuera…seguían los vivas a Sarah, Francia y Cuba.

Al poco se reunía con las muchachas del Comité de Damas Pro Francia, las que emocionadas contaron como celebraron el día de Francia, repartieron medallas con alegorías francesas y recaudaron buena suma de dinero. La diva agradeció tantas muestras de solidaridad para con su pueblo, pero recomendó no olvidaran a los pobres  e indigentes que vio en el trayecto hasta el Unión. Dijo también sentirse emocionada y recordó su primer gran éxito escénico de 1872 en Ruy Blas de Víctor Hugo cuando el estudiantado parisino desenganchó los caballos y ellos mismos tiraron del coche de la artista hasta su casa.

Durante 1918 realizaba su segunda visita a Cuba y albergaba algunos temores, pues tan pronto como desembarcó enla Habanafue enterada de un letal cuchicheo, le acreditaban de su primera visita a Cuba en 1887, clasificar a los cubanos como “indios con levita”.

La frase en si nunca la dijo, y fue un mal entendido, el que alejó a la sociedad habanera del teatro Tacón, donde actuaba. Resulta que Luis Mazantini,  que era aficionado al arte de Talía y además diestro taurómaco, preparó una encerrona privada en su homenaje y a la hora en punto en que Sarah salía del hotel colgada del brazo de Mazantini llegó la cabalgata del Circulo Habanero que la convidó para un paseo campestre. El culpable fue el interlocutor entre los habaneros y la diva que, emocionado y sin entender ni papa del francés, trastocó la fecha… y así se desbordaron las pasiones. Los habaneros echaron uñas a sus caballos y Sarah se fue a la plaza de toros de la calle Infanta, pero en los días siguientes la divina entró en transe durante un intermedio del espectáculo por ciertas improvisaciones organizativas, nada, algo que nos caracteriza a los cubanos al dejar todo para lo ultimo y despues se lo achacamos al…totí.  La divina estaba encerrada en su camerino y cuando estaba por ser llamada al siguiente acto, alguien advirtió al jefe de escena algo así como: “no la moleste, que lo menos que puede pensar de nosotros es que somos indios con levita’. Y al día siguiente un gacetillero le impugnó la frase y más se hundió la reputación de la francesita. El mal entendido se lo recordaron años después en Madrid uno de los Robreños yla  Bernhardtnegó haber articulado tal frase, y de haberla dicho sí especificó “hubiese omitido la ultima parte”, nada que nos despojaba de aquella prenda calurosa que a apenas se usaba en la isla y nos devolvió al nomadismo de la conquista.

Nada impidió agotar las reservas para las 2 funciones benéficas de Sarah, pues es este mismo teatro, utilizado también como cinematógrafo,  conocimos su arte dramático gracias al estrenó en Cuba durante 1912 de La reina Isabel una de las primeras películas del cine silente europeo llegadas a América

Momentos antes de la función la orquesta de Sarah interpretó la Marsellesay seguidamente el himno de los cubanos. La concurrencia enardecida cantó y aplaudió estruendosamente hasta descubrir en proscenio a Hilarión Cabrisas quien leyó unos versos del poeta Alfonso Camín en homenaje a Francia, Cuba y España. Al poco subió el telón y la bailarina Ernestina Rash y su compañía de bailes rusos llegó para confirmarnos que era una fiel discípula de Ana Páflova. Volvió a retumbar el teatro con los aplausos y al fin aparecía sobre el escenario la mujer más aclamada en todos los tiempos: Sarah Bernhardt.

Hechizados por su renombre, temíamos por su limitación física y la inclinación del escenario del Terry, pues tres años antes, en una  travesía marítima Sarah se lastimó una lesión y enero de 1915, fue a dar al quirófano donde le amputaron la pierna derecha. Probó todo tipo de prótesis y cada resultó insoportable. Prescindió de ellas, más no de su aparición en la escena. Desde entonces recitaba poemas o representaba monólogos y actos famosos de su repertorio en las que no se ponía de pie. Razón por la que en su debut en el Terry, aquel sábado de febrero de 1918 ejecutó “La muerte de Cleopatra” y “Del teatro al campo del honor”. Idéntica función benéfica aconteció el domingo 24, y aunque esté de más decirlo: fueron a teatro lleno.

El lunes 25 el público volvió a reunirse en la estación de la calle Gloria, incluso parte de la chiquillada que asistió a las funciones patrióticas del cine Recreativo el domingo 24, se presentaron con retratos de grandes de nuestra independencia, para que Sarah se los firmara.

En 1918 nos importó más su huella actoral que los 5 mil pesos de sueldo que cobraba cada 4 presentaciones. Robusteció más, recibir a una gloria artística y patriótica del mundo, que los reproches que alarmaron a ciertos sectores acerca de nombramiento como “la amante más grande de su tiempo”. Más, para la estrella, Cienfuegos fue mucho más que una ciudad hermosa, le demostró ser culta por el lleno total durante sus funciones. Hospitalaria, porque respondió al fin benéfico de su viaje y hasta reprochó el sobrenombre de perla roja que en esa época estaba en apogeo. Aquel lunes partió Sarah Bernardt y su compañía de Cienfuegos, dejándonos sus trazas actorales y patrióticas, pero sobre todo un paradigma de mujer que supo sobreponerse a enfermedades, amputaciones, epidemias y guerras para pasear el valor de la beneficencia por el mundo.

El 23 de marzo de 1923 Sarah Bernhardt cayó en coma durante el rodaje de “La vidente”. Al poco recuperó el juicio, reunió a sus familiares y recibió la extrema unción. En la noche moría en calma: la divina que aún aquí se le recuerda.

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