Apuntes para la historia de Cienfuegos


Apuntes para la historia de CienfuegosLo que hoy llamamos Cienfuegos, fue antaño morada de pacíficos siboneyes que llamaban Jagua a su territorio, nombre cargado de significados pues según sus creencias Jagua es “principio, fuente, manantial: riqueza”. Los cronistas de la colonización relataron cómo los indígenas de Jagua pertenecían a una raza noble, costumbres naturales y sencillas, y aunque pacíficos, se tornaron guerreros para defender sus mujeres, que por su extraordinaria belleza eran codiciadas por humanos venidos de otros lugares.Adoraban al Sol (Huión) y ala Luna (Maroya) a quienes consideraban como padres de Guanaroca y  Jagua, sus dos divinidades.

Se sabe que Cristóbal Colón en su segundo viaje, “penetró en un puerto tan amplio y espacioso como el de Carenas”, comparación que hace de nuestra bahía con la dela Habanaa la que llamó puerto de Carenas porque allí carenó sus naos.  Anota que este puerto era nombrado por sus nativos habitantes como Jagua,  y aunque llegó en busca de provisiones de subsistencia, y mientras bebió el agua fresca de sus manantiales, notó la presencia de abundantes maderas, mandó a aserrar algunas y ordenó a su capellán hacer una misa, por lo que bautizó a Jagua como Bahía de Misa.

Más, parece ser que fue Don Sebastián de Ocampo quien dejó su huella mayor en Jagua durante su viaje de bojeo ala Isla. Ocampoentró también en este brazo de mar y carenó sus naos en uno de los cayos interiores, al que por tal razón bautizó como Cayo Carenas, en verdad un cayo que por su excelente posición de llave del puerto, ubicado en los  22º  05′ 10″ de latitud N y los  80º  27′  35″ de longitud O, a 2,0 mde altitud, fue convertido hacia el último cuarto del siglo 19 en lugar de veraneo, resaltando por el lucimiento de su arquitectura en madera, la que se ha desvanecido ante el paso irremediable de potentes huracanes, de la depredación y a mi juicio: la falta de una voluntad superior de proteger el patrimonio edificado en madera que allí existía, pues a penas queda algún exponente del ¨balomfreen¨ norteamericano y caribeño.

Pero volvamos  a la época en que Ocampo calafateó sus galeones en Cayo Carenas y hasta levantó campamento en el cayo vecino, al que por cierto se aseguró de bautizar con su apellido. Allí algunos asegura, que se concibieron los preparativos para que  Hernán Cortés conquistara México, pero sobre todas las cosas resulta irónico, que por aquello de que mientras “más uno mira, menos ve”, que en 1512,  en ese mismo sitio Diego Velázquez mandara a fundar las villas de Trinidad y Santi Spiritu, y no ordenara una colonización para Jagua. Qué estaría pensando su cabezota de alentado para esta región.

Además de Velázquez, en la zona de Jagua se establecieron otros españoles notables como Pedro de Rentería y Bartolomé de las Casas, este último refiriéndose al puerto de Jagua escribió: “No creo que pueda haber otro mejor en el mundo”. Ambos recibieron una encomienda de naturales en las márgenes del río Arimao, sitio conocido como las Auras, no sabemos si como  corruptela de áureas, y esta de doradas, rutilantes, pues se dice que de este sitio se sacó muchísimo oro, o más bien todo el mineral existente. Y lo más curioso resulta que a esta encomienda renunció el padre dominico Las Casas, para salir a preconizar un nuevo evangelio: la integridad de los naturales de las “nuevas tierras descubiertas”

También en Tureira, hoy Punta Gorda,  se estableció otro español apellidado López, quien formó familia con una india y de cuya unión nació Mari López, una criolla de extraordinaria belleza, que pasó a la posteridad como argumento de una legendaria oralidad que te la contaré en otro momento.

Corsarios y piratas como Juan el Temerario, Jacques de Sores, Francisco Drake y Guillermo Bruce también visitaron Jagua. De este último se dice que ocultó en distintos lugares de la bahía abundantes tesoros, a cuya búsqueda se han lanzado en dilatados períodos de tiempo infinidad de soñadores, en todos los casos con resultados negativos, tales derroteros aún coquetean con la añoranza de muchos fernandinos.

Para defender la población de frecuentes incursiones de tales personajes, temidos por cierto más por la flota de la plata que por los naturales, se mandó a construir un baluarte militar en la entrada del cañón de acceso al puerto y tras varios intentos, al fin en 1745 se terminó el fuerte “Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua” o Castillo de Jagua liderando las obras el  ingeniero militar, Don José Tantete.

Y aunque el fuerte tenía su dotación y en los alrededores vivían naturales y españoles, la región era circunvalada por el camino colonial Habana Trinidad e incluso se habían presentado proyectos para colonizar Jagua de tal valía,  como los de la comisión del Conde Mopox proyecto presentado hasta con planos, el gobierno superior hacía caso omiso. Incluso, no sabemos al fin si la extraña razón porla Españaformalizó la contrata de colonización presentada en los inicios de 1819 por el teniente coronel Don Luis D’Clouet se trataba de la ¨necesidad de blanquear la isla¨ como ellos llamaban o si los estudios y condiciones de  Jagua, pedían a gritos, fundar una población en Jagua, digámosle oficialmente porque ya estaba la fortaleza y una docena de hacendados vivían  y explotaban la voracidad de estas tierras para el cultivo de caña, café y tabaco. Particularmente yo me inclino más por la teoría de que el gobernador deLa Isla, Don José Cienfuegos, y el Intendente de Hacienda, Don Alejandro Ramírez, consideraron los estudios y las condiciones existentes para finalmente dirigir su mirada a la colonización aprobada y que dio inicio el 22 de abril de 1819, cuando nació oficialmente bajo el nombre de Fernandina de Jagua.

Don Luis D’Clouet llegó por la vía de Batabanó con 46 colonos franceses de Louisiana, estableciéndose en las márgenes del río Saladito, intentando acercarse a una fuente de agua dulce y se encontró con restos de un pueblo aborigen abandonado y es que por su acostumbrado nomadismo los nativos lo dejaron en horas recientes, pues se dice que aún ardía un fuego entre las piedras que se habían utilizado para aderezar los alimentos. Ajenos estaban a una particularidad de la fuente de agua cercana, con las mareas el río se torna salobre o dulce.

En días posteriores se trasladó hasta allí Don Agustín de Santa Cruz, adinerado vecino de la región y dueño de un trapiche azucarero, el primerote la región, para convencer a D’Clouet de  la factibilidad de fundar la colonia en terrenos de su propiedad ubicados en la península deLa Majagua.Cabalgarony recorrieron la extensa planicie y al fin, en la alborada  del día 22 de abril de 1819, practicándose un atrayente ceremonial, Don Luis D’Clouet, vistió sus galas, hincó su rodilla en tierra y ordenó a los colonos seguirle en el acto, oró al supremo y tomó posesión de las tierras en nombre del Rey de España, dejando fundadala Colonia Fernandinade Jagua, bajo el lema: “Fe, Trabajo y Unión”. En verdad los terrenos eran muy favorecidos por su cercanía a un lóbulo de la bahía ideal para usarse como puerto, y los vientos soplaban en una u otra dirección, dejando a la península libre de todo aire enrarecido, pero nacería Fernandina signada por la carencia de agua, algo de lo que luego escribiré.

La majagua fundacional sirvió además de punto de partida para el trazado del villorrio que entonces comprendió solo 25 manzanas, limitadas por las calles Hourruitiner, D’Clouet, Santa Isabel, Merlín, luego San Luis, Bouyón, Velazco, Santa Elena, Santa Cruz, San Carlos, San Fernando, El Carmen, luego Argüelles y Santa Clara.

La colonia se favoreció con la posterior llegada de nuevas familias de New Orleáns, labradores de Islas Canarias y criollos de todas las regiones, sobre todo de la llanura de Trinidad, mancomunadamente trabajaron por el progreso de la población. Es meritorio apreciar que los colonizadores de Jagua no fueron aventureros ni elementos de baja moral, por el contrario, eran individuos de costumbres morales, generalmente familias acomodadas o de oficios humildes que se lanzaron a la aventura colonial bajo las franquicias de aquella contrata.

Desde entonces los fernandinos somos gente pacifica como nuestros aborígenes, somos de buen tono, laboriosos y entusiastas, nos echamos al mar y sobre todo, somos capaces de vencer barreras comunicativas de ajenos idiomas, como antaño con las migraciones de las gentes y sus lenguas. En 1905 al llegar a esta tierra el poeta viajero, de cuna asturiana Alfonso Camín, notó que ¨el cienfueguero es soñador, aún mira hacia las estrellas¨.

POR QUÉ CIENFUEGOS.

El 20 de mayo de 1829, diez años después de fundada la colonia, el Rey concedió el título de Villa de Cienfuegos, en honor del  Gobernador dela Isla, y se constituyó el Ayuntamiento. Pasito a pasito y con el ánimo enaltecido, llegó 1844 y con él, el gobierno del asturiano Ramón María de Labrada quien al hacerse cargo del gobierno de Cienfuegos, organizó  el alumbrado público, aumentó la riqueza industrial, agrícola y ganadera. Época en que se fundó el primer periódico, se construyó  un hospital y se atendió la cultura y el recreo de los habitantes, y hasta se fundó el añorado liceo como sociedad cultural en 1847.

El 4 de Julio de 1848, el Ayuntamiento acordó el diseño del Escudo de Armas, de forma cuadrilonga, dividido en dos campos horizontales. En el campo superior aparece el “Castillo de Jagua” sobre fondo azul; en el inferior, sobre fondo de plata, florece el árbol de Jagua. Sobre el escudo hay una corona y en la parte inferior aparece una cinta con el lema fundacional de: “Fides, Labor et Unio”…y en 1881 se nos concedió el título de Ciudad de Cienfuegos.

Cienfuegos fue una de las principales localidades de la isla donde más se conspiró por la independencia y el fin del colonialismo. Muchos de sus hijos sacrificaron vida y comodidades por hacer de la libertad el baluarte de todos. Sus mujeres no quedaron atrás, dejaron de sentarse frente a sus coquetas para ponerse polvos de olor en las mejillas, soltaron el pelo, vistieron con los colores de la bandera, colocaron estrellas de 5 puntas en sus adornos, y salieron a conquistar su lugar verdadero. Tan solo recordemos los excepcionales servicios ala Revoluciónde Ritica Suárez del Villar que congregó en torno a la causa patriótica a un grupo de mujeres que laboraron en el club patriótico Cubanita aún a riesgo de sus vidas. Este club, no solo recogió medicamentos, tiros o armas,  también mandó hombres a la manigua, mientras ellas en la ciudad se ocupaban de los familiares de los hombres de la guerra.

Un ejemplo, Juan Clark se sumó a la contienda del 95 el día 3 de mayo de 1896 integrando el Regimiento de Caballería Cienfuegos de nuestra mambisa brigada que a su vez conformaba el Cuatro Cuerpo, Segunda División, Segunda Brigada del Ejercito Libertador. En esa misma fecha, 3 de mayo del 1896 un grupo de mujeres que ya colaboraba en la ciudad, se aglutinaron  en torno a Ritica para fundar el Club Revolucionario del que resulta vicepresidenta Antonia Clark York, Antonia acababa de cumplir en el mes de abril sus 28 años de edad.

Por otra parte los clubes revolucionarios de apoyo a la independencia radicados en Cienfuegos tuvieron trascendentales cometidos que les permitió solicitar demandas sociales y políticas, entre ellas el sufragio, como fue el caso de Club local Esperanza del Valle. Este club, fundado en junio de 1896,  y presidido por Edelmira Guerra de Dauval, figura notable en las luchas de reivindicación de la mujer en la colonia e inicios dela República, fue el primero del que se tengan noticias entre el resto de los clubes fundados por mujeres cubanas que, como parte de una agrupación femenina, hicieran demandas a favor de la mujer cubana, así en fecha 19 de marzo de 1898 proclaman lo siguiente: “Formulamos un programa revolucionario, incorrecto tal vez en la forma, pero interesante en el fondo, que sometemos al estudio de nuestras ilustres compatriotas … Queremos que se integre a la mujer en el ejercicio de sus derechos naturales, como son, la emisión del voto para las solteras y viudas  mayores de 25 años, el divorcio por causa justa, la opción de empleos públicos, etc. De acuerdo con las leyes fisiológicas y sociales…”.

Aunque el reclamo de voto de las cienfuegueras tenía restricciones en lo concerniente al estado civil, tuvo la novedad de incluirlo junto al divorcio, que era una de las cuestiones mas solicitadas por las feministas en el mundo.

En la republica la ciudad se tornó rebelde y su juventud conspiró contra los regimenes de turno que utilizaban el poder en beneficio propio y olvidaban las necesidades de las capas desposeídas.  Esas necesidades de colegios para la segunda enseñanza, libros gratuitos, desayuno escolar, filtros de agua, puerto libre, carreteras y hasta el enfrentamiento a los frecuentes alardes de la armada norteamericana en “plan de visita” fueron algunas de las luchas que llevó a cabo su juventud al punto de declarar a Cienfuegos como ¨ciudad muerta¨ a propósito de la huelga de los filtros y la huelga por el pago del diferencial azucarero.

Pero es sin dudas el alzamiento de marinos y civiles en 1957 el hecho histórico por el que más se recuerde a sus hijos, sin dudas fue un gran libretazo para Batista el hecho de que su propio ejército y el pueblo se unieran para acabar con su gobierno. El cinco de septiembre de 1957 Cienfuegos fue libre aunque por pocas horas. Una coincidencia que un día 5, pero de noviembre de 1869, coincidiendo con la visita a la ciudad de Antonio Caballero de Rodas, las huestes mambisas de Adolfo Fernández Cavada entraran a Cienfuegos para cumplir la promesa de recibir “con todas luces” al señor capitán general de la siempre fiel Isla de Cuba. El fuego devoró los cañaverales que ceñían la ciudad, y los cañonazos y disparos entre las tropas enemigas que la protegían y los mambises hicieron temblar a la máxima autoridad colonial.

Con tales ejemplos es obvio el desarrollo del pensamiento y las ansias de libertad de los hijos de la tierra cienfueguera que, sumidos en su trabajo, hicieron de ella un paraíso de rápido y notable crecimiento.

En  el año de 1955 esta ciudad tenía una población  de cerca de 100 mil habitantes, hoy día tiene poco más de 140734 habitantes y está considerada como una de las principales ciudades de Cuba.

El trazado es moderno, calles rectas y espaciosas, perfectamente pavimentadas y siempre limpias. Todo esto es Cienfuegos, una ciudad de Cuba con rango si se quiere de “capital espiritual, de la gentileza y de simpatía de sus hijos” tal y como me dice una amiga, criterio que alcanzan, cuantas personas nos visitan atraídos por la fama de sus incomparables bellezas, las de su amplia y resguardada bahía, el espectáculo maravilloso de sus ríos y saltos de agua, solo nos queda el Nicho para atestiguarlo, por el valor ambientalista e historio de su Jardín Botánico, sostenido hasta los inicios de la década de 1960 porla Universidadde Harward con la salvaguardia de miles de plantas de todo el mundo como tesoro vegetal de Cuba, por la majestuosidad del sistema montañoso de Guamuaya que abraza a la ciudad, y hasta por el inmenso banco en que se convierte su amplio malecón en noches de intenso calor y de frías lunas. Todo eso es mi ciudad de Cienfuegos, la llama de cada amanecer y por qué no, la de cada sueño.

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